Mis palabras tienen energía y poder.
Como sé que lo que digo puede ser recordado y afectar a otra persona, elijo palabras claras y consideradas, edificantes y afirmativas. También utilizo palabras positivas al hablar conmigo mismo, reconociendo que soy una creación valiosa y vital de Dios. Contribuyo a una conciencia de alabanza y fe, consciente de que mis palabras tienen energía y poder.
La congoja abate el corazón del hombre; la buena palabra lo alegra.—Proverbios 12:25
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